1.8 – Midas

Mínimante comprensible, como todo lo que tengo para gritar en este pseudo-proyecto clandestino que, sin forma ni sentido, se ha convertido en mi espacio de catarsis. Que un día verás, que te pertenece más que a mí (como yo misma).

Mírame con tus ojos compasivos y abrázame como si no supieras que puedo hacerte daño. Como la primera vez, como cuando me acosté sobre tu pecho y comenzamos a llamarnos novias. Nuestras.

Mímame, acaríciame, dame la oportunidad de equivocarme mil veces hasta ser lo que tú necesitas. Como siempre, con tu paciencia infinita y tu amor inagotable. Déjame saber que puedo equivocarme y que estamos juntas para dar vida a algo más grande.

Miénteme, dime que soy perfecta para ti, aún cuando sientes que algo falta. Siempre falta, yo lo sé. Pero creo en lo que crees y si me dices la mentira más hermosa del mundo, no voy a estar en paz hasta que sea cierto.

Midas, te llamo. Encontraste piedra y la convertiste en oro. Gracias por ver en mí lo que querías, gracias por hacer de mí lo que necesitabas. Te amo.

1.7 – Verdades no dichas (en voz alta)

– Nunca antes deseé a una persona, incluso antes de verla.
– En el fondo, estaba feliz de que todo saliera mal en aquel viaje, tenía planes para nosotras. Yo quería estar solamente contigo. Luego me dio pena decirlo.
– Sí he sentido celos.
– Sé que existes desde mucho antes del moot. Me encantabas y no pude no sudar frío al verte. Por eso no puedo recordar nada además de mi empeño en darte alcohol.
– Mis mejores amigos estaban en contra de todo esto. Por eso ya no son mis mejores amigos.
– Me molesta sentir que las personas te utilizan o te tratan mal, al punto de ser absolutamente capaz de insultarlos a todos.
– Nunca te pregunté nada sobre tu casa porque sé que intentabas mantenerme al margen.
– Por eso nos llevé solo una vez hasta aguas profundas con el tema de tus padres.
– Me asusta el tema de tus padres.
– Detestaba tanto la idea de matrimonio/compromiso/convivencia que abandoné una relación por eso.
– Quise comprometerme contigo en tu cumpleaños del 2019.
– No eres buena mintiendo, disimulando u ocultando cosas.
– Me sentí mal cuando me dejaste sola.
– Quiero que vivamos juntas. Y no quiero decirlo porque es terriblemente intimidante.
– En el campamento no me importaba bañarme o no por el calor, simplemente no quería que me tocaras así (y quería que me tocaras).
– Entiendo más de lo que admito, la mayor parte del tiempo. Pero disfruto de que me expliques cosas por horas.
– He stalkeado a personas con las que has salido en el pasado.

Te amo.

1.6 – Ca(r)ta-rsis egoísta

A veces no es nada, a veces es miedo.

Quiero ser yo, siempre, y me atormenta la idea de que pueda ser alguien más. Mis brazos son tuyos, yo te pertenezco.

Quiero ser yo y no quiero pensar en la posibilidad de que sea otra persona la que reciba tus besos de buenos días; necios, felices, cálidos.

Quiero ser yo y me rompe el alma que pueda ser otra persona la que te abrace cuando comienzas a frotarte los ojos antes de decidir que es momento de dormir.

Quiero estar contigo para celebrar. Quiero estar contigo cuando todo parezca ir en contra y tengas que sentarte a buscar soluciones. Quiero darte las soluciones que buscas. Quiero estar contigo cuando todo vaya bien, cuando todo crezca y te sientas orgullosa.

Quiero verte siempre, quiero apoyarte siempre, quiero admirarte siempre.


Y hay cosas que no quiero.


No quiero ser una extraña para tu risa desinhibida.

No quiero ser una extraña para tus lágrimas.

No quiero ser una extraña para tu dolor.

No quiero ser una extraña cada vez que la felicidad te invada el cuerpo.

No quiero estar lejos cuando necesites de las cosas que me has enseñado a darte.

No quiero estar lejos cuando necesites incondicionalidad.

No quiero ver a otra persona en mi lugar, junto a ti, en nuestros rincones, en nuestras calles, en nuestros rituales.


Y el miedo me congela.


Tengo miedo de que alguien más descubra tus mañas.

Tengo miedo de que sea otra persona la que te bese las comisuras de los labios cuando sonríes.

Tengo miedo de que te encuentres en otras manos, en otros labios, en otras risas.

Tengo miedo de que me veas con resignación, con tristeza, con costumbre.

Tengo miedo de que alguien más merezca ver como te miras frente al espejo, respiras profundo y continúas con la vida.

Tengo miedo de que sea alguien más quien te diga por fin que es absurdo que continúes como si no acabaras de estar frente al reflejo de lo divino.


Y ojalá un día deje de ser egoísta.


Ojalá pueda dejar de arrinconarte con mis propios problemas.

Ojalá pueda hacer que veas a través de mis ojos.

Ojalá llegue el día en el que pueda demostrarte que somos más grandes que cualquier situación y que, por nuestra grandeza, la única opción es que todo salga bien.

Ojalá un día pueda darte todas las respuestas.

Ojalá sea yo quien pueda besarte todas las madrugadas mientras duermes, solo para hacerte sentir que no estás sola y que, incluso cuando no me ves, te estoy amando.

Ojalá nunca aceptes que hay salida. Ojalá nunca veas la puerta abierta; ojalá siempre mantengas cerradas las ventanas. Espero que no te des cuenta de que tu tobillo está suelto, de que mi corazón ya no está en empeño sino que te pertenece; espero que jamás te des cuenta de que puedes llevarte todo si decides irte. Espero que nunca decidas irte.

Ojalá sea yo quien te abrace por siempre. Y ojalá te enteres alguna vez de que no importa lo que quiera, lo que no quiera, lo que tema o lo que desee; voy a ser tuya por encima de todo.



Más que nunca, te amo.

1.5 – Tercera persona del singular femenino

Si toca la puerta y no hay nadie, entra y se sienta a esperar pacientemente. Así llegó a mi vida; no escuché la primera vez y al salir de mi cuarto me encontré con la sala organizada, las semillas germinadas y las flores mirando al sol. Fue como por arte de magia y yo, que de escéptica tengo poco, no pude quitarle los ojos de encima.

Todo lo que siembra, florece; todo lo que recibe, lo da. La reciprocidad hace que sea aún más impresionante.

Baila por todos lados y salta como si la alegría habitara dentro de ella perennemente. Y canta, sonríe y sigue cantando. ¿Cómo podría dejar de verla?

De la nada se detiene y se acerca, me quita el cabello de la cara, como si nada, me toca, me besa, me abraza. Se siente en casa. Se va y vuelve, pone un dedo en mi nariz y se ríe, me besa como si fuera la primera vez y se va de nuevo.

Se sienta, discute con las voces en su cabeza y me ignora por completo. Ya no existo, ya no soy.

Cuando no puedo disimularlo, lo nota, se preocupa y vuelve a mí con un gesto de compasión cargado de amor, respira profundo y me besa las comisuras de los labios.

Sonrío, sonríe.

No puedo hacer otra cosa que llamarle amor a su coreografía, no puede ser nada más si siempre vuelve a quitarme el cabello de la cara y besarme las comisuras de los labios, sin importar cuán aguerrida esté la situación en su cabeza.

Prioriza, me pone en la cima.

Y yo, que ni bailo, ni canto, le regalo adjetivos:

Maravillosa, curiosa, inteligente, capaz, preciosa, creativa, risueña, graciosa, talentosa…

Es amor, es mi amor. Mi tercera persona del singular femenino: ella, la mujer que amo.

1.4 – Amor en tiempos de Social Media

La tecnología cada día se vuelve más sorprendente y casi invasiva. Google nos escucha, Facebook nos roba información y ningún nude (o autorretrato erótico -guión- foto sexy) está a salvo. Ya lo sabemos, no nos importa.

El mundo se moderniza y los teléfonos cada vez son más inteligentes; tan inteligentes que hacen que los superficiales masoquistas que soportan filas larguísimas para ser los primeros en obtenerlos parezcan estúpidos por segunda vez. Pero, chevere, un mejor celular es directamente proporcional a mejores autorretratos eróticos (nudes). Todos felices.

Provocamos en redes sociales todo lo que podemos provocar. Odio, morbo, risas y alegría; es un mundo de posibilidades que, para ser honesta, no termino de digerir. Twitter, mi red social favorita, me ha regalado varios vistazos a -material audiovisual- sumamente desagradable; lamentablemente seguirá sucediendo y vendrá, como siempre, enlatado entre dos chistes que terminarán entre mis favoritos. El precio de la interacción.

Todo bien con la tecnología. Acorta distancias y amplía el espectro de posibilidades para interactuar con otras personas. Tú y yo hemos sabido aprovecharla.

Comenzamos en Facebook, pretendiendo no saber nada de la otra, con la curiosidad como bandera y uno que otro retraso en las respuestas. Luego WhatsApp, más personal y el patrocinador oficial de mi obsesión con tu voz. Finalmente, Telegram apareció para demostrar que, como es bien sabido en Twitter, es la mejor aplicación de mensajería instantánea. Gracias por los stickers y las sonrisas, pero especialmente gracias por dejarme ganar en UNO.

Telegram se convirtió en nuestro espacio, casi una habitación decorada con una foto de perfil maravillosa, música y juegos. Nuestro lugar feliz, en donde nos dijimos cuánto nos queríamos, en donde programamos nuestras aventuras y en donde nos llenamos de fotografías para que la distancia no sea tan difícil de llevar.

Gracias por responder siempre, gracias por hacerme reír siempre, gracias por aceptar el amor moderno y gracias por continuar enviando notas de voz.

Gracias a la tecnología por diseñarnos un lugar para nosotras,

Ojalá pronto pueda enviarte un abrazo. Te amo.

1.3 – La ingravidez

Todos sueñan con flotar y algunos casi pueden lograrlo. Nunca me sentí parte de los algunos, de los ellos, de los afortunados; siempre me mantuve bien plantada en el suelo, porque como los árboles, echar raíces es lo único que se me da(ba) bien.

Miro para un lado, miro para el otro y no veo a nadie (como Pedro Navaja). De la nada, una mano aprieta mi cintura como si le perteneciera, como si esa mano fuera mía, como si tuviera historia, como si me gobernara. Una mano que no puedo ver, pero que ya conozco. Una mano que ha estado en mi mano, que ha secado mis lágrimas; una mano anónima.

Y yo, por primera vez, me vuelvo ingrávida.

Los afectos y los apegos comienzan a cuestionarse cuando uno reconoce una nueva forma de amar. Yo la conocí contigo. Me sacaste de mi cubo, me arrancaste de raíz las ideas y me hiciste renovar mis convicciones; entraste en mi hogar y comenzaste a tirar jarrones, desordenaste gavetas y me hiciste botar todo lo que ya no me hacía bien. Hasta hoy no había podido hacer más que intentar descifrar cómo funciona esta nueva forma de existir en el amor.

La ingravidez ya no es utópica, es nuestro statu quo ante bellum. Es el lugar que llamamos hogar y que nos reclama constantemente; es el lugar en el que somos, sin perder ni ganar y el lugar al que volvemos cada día sin importar lo que pase.

Lo cierto es que la mano, que ya no es anónima, nace de ti pero es mía. Y yo, que ahora me dedico más a sentir que a descifrar, soy tuya. Te amo.

and time after time
you’ll hear me say that i’m
so lucky to be loving you

1.2 – El valor de las primeras veces

Antes de ti, yo estaba muy segura de mis conceptos; especialmente del que dicta que las primeras veces están sobrestimadas. Pero con tu llegada, mis conceptos comenzaron a titubear. Primero uno, luego otro… Y así sucesivamente hasta que tuve que evaluar pieza por pieza y armarme nuevamente antes de darme cuenta de que todos los conceptos viven moviéndose de un lado a otro y que reconsiderarlos es fundamental para crecer.

La primera vez que te vi, la primera vez que sentí tus labios en los míos. Todas las primeras veces que antes no habían sido importantes, de pronto se convertían en el universo entero.

¿Te he dicho que tus manos son las más cálidas del mundo? Lo sé porque a 19°C no necesité más que tu tacto para estar tranquila. Son las manos más cálidas del mundo, definitivamente. Y la primera vez que las sentí, tuve la certeza de que en ningún otro lugar me sentiría así.

El mar de primeras veces que decidí compartir contigo me dio como recompensa un cofre lleno de las mejores experiencias de mi vida; eres parte de todas ellas, eres la autora de las primeras veces en las que pude sentirme libre como un pajarito, siempre cerca de ti porque ya te sentía como mi hogar.

Las primeras veces dejaron de ser triviales cuando me di cuenta de que las estaba viviendo junto a ti, y todo lo que hemos vivido juntas ha sido trascendental.

Aprecio tu paciencia y gracias por darme la libertad. Te amo.

Ojalá pudiera poner una pajarera mínima en tu cuello para vivir en ella y mantenerme siempre cerca de mi lugar favorito en el mundo.

1.1 – Los pilares del castillo

Ninguna edificación es capaz de sostenerse sin un esqueleto cuidadosamente diseñado. Todo está milimétricamente calculado para que nada falle, para que la estructura no colapse aunque el mundo se venga al suelo.

Las relaciones no son distintas, también se construyen y necesitan pilares fundamentales para mantenerse en pie. La confianza, el cariño, la empatía y la capacidad de dejar que el amor triunfe sobre el ego, ¿hace falta algo más?

Es ahí donde todos hemos fallado alguna vez; todos hemos querido construir un castillo sin pilares, sin cuidado y sin fe.

Es eso lo que admiro de nosotras, nuestro castillo está en construcción; pero es tan estable que hoy puedo dormir en él sin preocupaciones. Sabiendo siempre que hay detalles que quedan pendientes, un poco de pintura y unos cuantos floreros.

A veces todo comienza a jugar en contra de nuestra profunda disposición para continuar con la construcción de nuestro castillo. Antes sentía miedo, ahora agradezco esas situaciones; en medio de ellas hemos revisado cuidadosamente los pilares de nuestro nuevo hogar, uno a uno, con cuidado y siempre con ganas de reparar lo que haga falta.

Nuestro castillo está intacto. Los pilares no han cedido al desastre, nada se ha resquebrajado y el interior sigue pulcro. Hemos sabido mantenernos en pie y continuar construyendo nuestro hogar.

Confío en nuestro amor, te amo.

La mujer al otro lado del espejo

Hay una mujer que me mira fijamente al otro lado del espejo. No la conozco, no la había visto antes. Sus ojos son idénticos a los míos, pero me es complicado reconocer su mirada.

No tengo claro de dónde salió, pero sé que ha permanecido ahí durante un año exacto, ni un día más. Se ha mantenido feliz, aún cuando yo estoy triste; ha sonreído en los días más complicados y me ha obligado a reconocer mis virtudes por encima de mis defectos.

Es mi reflejo, soy yo. Pero su cariño es ajeno, yo nunca antes me había visto con los ojos que ella me ve; yo no me habría sonreído con semejante complicidad. Esa mujer es la proyección de algo más grande; está amándose a sí misma por encima de todo y está amando todo lo que la rodea. Se está llenando de vida.

Todo tu cariño me enseñó a amarme a mí misma para poder darte a ti el amor que mereces. Y así comenzó todo.